Los imanes superan sus limitaciones

Desde que John Pendry pronunciara aquello de que «El hombre invisible podría ser factible entre nosotros», la idea de la invisibilidad rondaba por la cabeza de muchos científicos. Sin embargo, de la teoría a la práctica había un paso.

Es en este momento, en el que el físico Àlvar Sánchez y sus colaboradores Carles Navau y Jordi Prat (de la Universitat Autònoma de Barcelona) pensaron que antes de buscar la invisibilidad a la luz, sería más sencillo empezar por encontrar la invisibilidad a un campo magnético.
Después de años trabajando en la superconductividad y el magnetismo, descubrieron que una de las propiedades de los materiales superconductores es que bloquean los campos magnéticos. Así, partiendo de esa base terminaron dando con la fórmula de la invisibilidad a un campo magnético.

Y la pregunta que nos asalta es: ¿Tiene alguna utilidad práctica esta investigación? En un principio, estamos hablando de una investigación básica, pero a largo plazo, puede ser útil, por ejemplo, en cualquier situación en que interese anular un campo magnético. Por ejemplo, si una persona lleva un marcapasos, actualmente no puede hacerse una resonancia magnética. Sin embargo, con un escudo magnético, se podría proteger la zona del marcapasos para que esto fuese posible.

Otro ejemplo es que ahora, los componentes de un circuito electrónico no pueden estar muy cerca porque generan campos electromagnéticos que interactuarían entre sí. Con estos escudos magnéticos podríamos conseguir una mayor miniaturización.

Este avance es una oportunidad para el mercado de productos magnéticos, que no verá estancadas sus ventas debido a limitaciones como esta.

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